A la redención por Armstrong
Las reflexiones sobre la entrevista de Lance Armstrong han rondado mucho lo religioso. Confesión, arrepentimiento, redención. En este caso, lo religioso como espectáculo de masas, es decir, como representación después de la cual la grada juzga el grado de satisfacción recibida. Si Armstrong se ha arrepentido lo suficiente, si lo ha hecho de todo de lo que debería. Más importante: si con el rato de charla a la vera de Oprah Winfrey ha hecho méritos suficientes para la redención. Aunque no sólo la suya. También se ha hablado mucho de la salvación del ciclismo en sí. Contador, por ejemplo: «Me quedo con lo que puede ser bueno: tal vez así podremos cerrar este capítulo de esa década y centrarnos en el presente y el futuro de este bonito deporte».
En realidad, coincidían sobre la entrevista de Armstrong dos expectativas. Que fuera salvavidas. Que funcionara como sábana, última cobertura de un objeto clausurado sobre el que no hablar más. En cualquier caso, Armstrong salvando el ciclismo desde el sofá en el que se tiende a contemplar sus siete maillots amarillos del Tour de Francia. Con todo el peso lejos del asfalto, resulta natural el interés por la intensidad y la hondura de la confesión.
Con el show de Oprah coincidió la visita a Madrid, invitado por la Agencia Estatal Antidopaje, del ciclista David Millar, también dopado confeso después de ser pillado. Recordó su teoría sobre las confesiones y las salvaciones conjuntas: «Que todo el mundo salga y cuente su historia, lo que hizo, en una gran comisión de la verdad y la reconciliación», dijo. Él, que dice que ha contado todo en su libro, «Pedaleando en la oscuridad», cree que un solo relato no anula la necesidad de los demás. A él le liberó el suyo, cuenta. Quizá muchos esperaban que Armstrong cargara con la contrición de todos, y en eso evidentemente se quedó corto. Pero Lance Armstrong ha venido a salvar a Lance Armstrong. Él sabrá cómo se ha quedado.
(Publicado en ABC el 21/1/2013)
